(Bogotá, O.P) Mientras 7.400 niños y niñas, jóvenes y jovencitas, y cerca de 100 directores todos los días, desde sus aulas, o sus lugares de prácticas en las Granjas Integrales en el país, oran y cuentan sus experiencias en la tradicional Hora de la Palabra, simultáneamente en la Sede Nacional, en el céntrico barrio de la Soledad de Bogotá, más de 17 funcionarios unen también sus voces a la plegaria nacional que se hace al medio día.
No importa si hace frío o calor, si hay júbilo o pesadumbre por alguna de esas noticias que a diario suceden en nuestro país o la ciudad. No importa si aún falta alguien del equipo humano que está reunido o escribiendo el último hálito de un documento que se niega a ser terminado, a las 12:45 p.m., hora colombiana.
Lo vital es cumplir con la tradición heredada por Monseñor Jesús Iván Cadavid desde hace 45 años, cuando fue creado el primer Hogar Juvenil, asumiendo como una verdad irrefutable el hecho de que cuando dos o más se reúnen a orar, ahí siempre está Dios.
Pero antes, todos hacemos una sesión de comentarios en donde nos ponemos al día con las últimas novedades institucionales. Los directivos presentan a las nuevas personas o colaboradores de la institución, dan nuevas instrucciones o incluso los demás hacen bromas. Asimilamos que al fin y al cabo, el poder de la cultura informal en las organizaciones, da para esto también, y es un rico filón para fortalecer las prácticas institucionales. En algunos días de la semana cantamos el Himno a los Hogares Juveniles y renovamos colectivamente nuestra Promesa Campesina.
Luego alguno de los compañeros, papel en mano, comparte la reflexión cotidiana. Las más populares lecturas encuentran su espacio vital resistiéndose a quedarse en el insondable olvido. Producen mucha introspección las que lidera doña Fanny Morales, la contadora, sobre los textos de "La Culpa la Tiene la Vaca". Sean estas u otras, algunas de las reflexiones despiertan mucho más del entusiasmo esperado, y entonces se produce toda una sesión de aportes, complementos o nuevas reflexiones.
Acto seguido, y como toda una práctica de fervor institucional, el grupo se toma de las manos. Ponemos en las manos del Señor, un Hogar Juvenil, un deseo o una esperanza personal o colectiva. Acto seguido, hacemos la oración del Padre Nuestro, El Ave María, y las demás prédicas católicas que acostumbramos. Entonces uno siente que todos están conectados con Dios y comprometidos con la causa de los Hogares.
Al terminar se escucha la concebida frase de júbilo de "Glorita", la nueva directora del Plan Padrinos, expresión que hace que cada quien tome el inevitable rumbo para almorzar: ¡Huy, la hora feliz!. Todos rompen el círculo, y algunos con bostezos por el hambre del medio día, pronunciando frases deshilvanadas u otras entusiastas, salen de la sede a almorzar, mientras otros se quedan para el mismo ritual, pero con la conciencia de que hemos cumplido con la admirable tradición de la Fundación.
Para personas externas a la institución, esta es una práctica interesante muy poco frecuente en otras organizaciones. Para los directivos de la fundación, es la forma como los miembros de la red de Hogares Juveniles viven su compromiso con el trabajo pleno por los niños del campo y cumplir con el papel espiritual que juega en la
nación: ser la conciencia moral y social para 12 millones y medio de labriegos de todas las edades.